Se canta al mar - Nicanor Parra

Se canta al mar – Nicanor Parra






Nada podrá apartar de mi memoria 
La luz de aquella misteriosa lámpara, 
Ni el resultado que en mis ojos tuvo 
Ni la impresión que me dejó en el alma. 
Todo lo puede el tiempo, sin embargo 
Creo que ni la muerte ha de borrarla. 
Voy a explicarme aquí, si me permiten, 
Con el eco mejor de mi garganta 
Por aquel tiempo yo no comprendía 
Francamente ni cómo me Ilamaba, 
No había escrito aún mi primer verso 
Ni derramado mi primera Iágrima; 
Era mi corazón ni más ni menos 
Que el olvidado kiosko de una plaza. 

Mas sucedió que cierta vez mi padre 
Fue desterrado al sur, a la lejana 
Isla de Chiloé donde el invierno 
Es como una ciudad abandonada. 
Partí con él y sin pensar llegamos 
A Puerto Montt una mafiana clara. 
Siempre había vivido mi familia 
En el valle central o en la montaña, 
De manera que nunca, ni por pienso, 
Se conversó del mar en nuestra casa. 
Sobre este punto yo sabía apenas 
Lo que en la escuela pública enseñaban 
Y una que otra cuestión de contrabando 
De las cartas de amor de mis hermanas. 
Descendimos del tren entre banderas 
Y una solemne fiesta de campanas 
Cuando mi padre me cogió de un brazo 
Y volviendo los ojos a la blanca, 
Libre y eterna espuma que a lo lejos 
Hacia un país sin nombre navegaba, 
Como quien reza una oración me dijo 
Con voz que tengo en el oído intacta: 
“Este es, muchacho, el mar”. El mar sereno, 
El mar que baña de cristal la patria. 
No sé decir por qué, pero es el caso 
Que una fuerza mayor llenó el alma 
Y sin medir, sin sospechar siquiera, 
La magnitud real de mi campaña, 

Eché a correr, sin orden ni concierto, 
Como un desesperado hacia la playa 
Y en un instante memorable estuve 
Frente a ese gran señor de las batallas. 
Entonces fue cuando extendí los brazos 
Sobre el haz ondulante de las aguas, 
Rígido el cuerpo, las pupilas fijas, 
En la verdad sin fin de la distancia, 
Sin que en mi ser moviérase un cabello, 
¡Cómo la sombra azul de las estatuas! 
Cuánto tiempo duró nuestro saludo 
No podrían decirlo las palabras. 
Sólo debo agregar que en aquel día 
Nació en mi mente la inquietud y el ansia 
De hacer en verso lo que en ola y ola 
Dios a mi vista sin cesar creaba. 
Desde ese entonces data la ferviente 
Y abrasadora sed que me arrebata: 
Es que, en verdad, desde que existe el mundo, 
La voz del mar en mi persona estaba. 
Una figura de un museo de cera; 
Mira a través de los visillos rotos: 
Qué vale más, ¿el oro o la belleza?, 
¿Vale más el arroyo que se mueve 
O la chépica fija a la ribera? 
A lo lejos se oye una campana 
Que abre una herida más, o que la cierra: 
¿Es más real el agua de la fuente 
O la muchacha que se mira en ella? 
No se sabe, la gente se lo pasa 
Construyendo castillos en la arena. 
¿Es superior el vaso transparente 
A la mano del hombre que lo crea? 
Se respira una atmósfera cansada 
De ceniza, de humo, de tristeza: 
Lo que se vio una vez ya no se vuelve 
A ver igual, dicen las hojas secas. 
Hora del té, tostadas, margarina. 
Todo envuelto en una especie de niebla.
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